
“Era un día como hoy”, dice Diego. “Así de feo”. Afuera llovizna, hace frío, hay viento. Adentro, silencio. Todos escuchan atentamente. “Me acuerdo que fuimos a la playa a ver si encontrábamos algo de los pescadores perdidos”, sigue. Diego Alfonso tiene 15 años. Se crio a la orilla del Río de la Plata. Observan sentados frente suyo dos biólogos del Conicet. De repente, uno de ellos toma la palabra. Es el director del Instituto de Limnología, Darío Colautti: “Esto es un hallazgo científico importante”.








